Mi forma de ver el mundo

Cómo abordar la vida ha sido uno de los mayores quebraderos de cabeza que he tenido a lo largo de mi existencia. La soledad que siempre me ha acompañado fomentó la reflexión y el análisis de todas las cosas, incluyéndome a mí mismo, perdiéndome con bastante frecuencia en un mar de variables. Descubrir la ciencia supuso para mí un gran poder que podría ayudar a canalizar todo ese huracán interno hacia algo concreto; en definitiva, a concebir un objetivo que me diera razones para vivir. En este artículo intentaré expresar la cosmovisión que he terminado forjando con el paso del tiempo.

La teoría

Para mí la existencia o no de algo no supone un dilema filosófico delicado porque estoy convencido de que todo existe. Y cuando digo todo, me refiero a todo: a lo que llamamos “real”, a lo que llamamos “imaginario” y a lo que no concebimos de ninguna manera. Creo firmemente que uno de los fines de la ciencia no es decir si algo existe o no, sino qué existe, dónde existe y cuándo existe. Esta concepción infinitista de la realidad, que la llevo hasta sus últimas consecuencias, no supone de por sí una doctrina filosófica concreta, sino más bien una “macrofilosofía” o “filosofía de filosofías” que me permite estar abierto a todas las posibilidades.

El trabajo científico produce teorías cuya estructura intenta corresponderse lo máximo posible con la realidad, es decir, con nuestra realidad directa, de forma que no nos perdamos y podamos orientarnos dentro de la inmensidad del cosmos. No es el momento de hablar de empirismo, racionalismo, falsacionismo, materialismo o mecanicismo, pero sí me gustaría detenerme en el determinismo, ya que me parece fundamental.

Cuando defiendo el determinismo como uno de los principios de la realidad, no me estoy refiriendo al determinismo clásico simplista de la causa y el efecto. Hablo, básicamente, de que las cosas están determinadas al margen de lo que se sepa de ellas. Precisamente porque hay infinitos detalles y matices por todas partes, jamás se podrá tener una representación exacta y fiel que permita hacer predicciones perfectas. La realidad podrá percibirse como indeterminada, pero el hecho de que podamos abstraerla y explicarla estructuralmente muestra su carácter determinista de forma inequívoca.

De aquí se deduce que rechazo el concepto de libertad y abrazo el concepto de destino. Para el comportamiento humano mi enfoque es conductista radical, buscando en términos mecanicistas (no clásicos) causas procedentes en el entorno y no en una suerte de entidad metafísica sin utilidad práctica. Ser consciente de que los seres humanos formamos parte de la naturaleza, y estamos sujetos a la mismas influencias físicas que el resto de elementos que la forman, otorga humildad y, en consonancia con el infinitismo, tranquiliza al saber que has ganado y perdido infinitas veces en todas las situaciones, y que por lo tanto lo que vives es simplemente una versión más, una producción cinematográfica del cosmos que te ha tocado vivir en primera persona.

Dentro de este marco analizo el mundo, el mundo en el que vivimos, y me es inevitable categorizarlo como absolutamente inaceptable. Nuestra sociedad está basada en ficciones desde prácticamente los orígenes de la humanidad, ocupando la ciencia un papel testimonial como mera herramienta supeditada a las creencias del momento. Tenemos la posibilidad de disfrutar la vida y compartir nuestra existencia con los demás, explorando el universo y aprendiendo sobre él, y la malgastamos por funcionar con un macrosistema social ficticio, falso, perjudicial, dañino. Vivimos en un mundo lleno de mentiras. Y por eso y mucho más, decidí que dedicaría mi vida a intentar cambiarlo.

Así nació el Proyecto Mekadimo, del cual si bien no es el momento de hablar, diré que es mi motivo para vivir. Absolutamente todos los elementos de mi vida están orientados, o intento orientarlos, a que mi proyecto sea realizado con éxito. Tuve que hacer muchísimos sacrificios, y hasta que no lo perdí todo y me llevé al límite, no adquirí la capacidad de afrontar el desafío de una forma verdaderamente pragmática y realista. Fui consciente de que tenía un asunto pendiente conmigo mismo; había construido todo un proyecto, pero me quedaba construir un yo. Los últimos 2 años los he dedicado principalmente a esa tarea, que no ha sido fácil, ya que rechazar el mundo en el que vivía estaba ligado a rechazar lo que yo era. Esa construcción de un yo, que prácticamente ya ha terminado, es eminentemente práctica, y de ahí su dificultad.

La práctica

Pese a tener un análisis y un plan muy bien definidos para cambiar el mundo, por más que lo intenté, mi trabajo terminó sucumbiendo al tormento de mi pensamiento, analizando los detalles y criticando con dureza todo lo que hacía. La contradicción entre mi sistema de valores o filosofía y la del mundo en la que tengo la obligación de operar es palpable. Ese volcán de pensamientos críticos que no para, por diversas experiencias que tuve, se extendió de mi proyecto a todos los ámbitos de mi vida, haciendo que cualquier tarea se convirtiera en algo muy difícil y complicado.

Para funcionar dentro de un sistema, en este caso el macrosistema social basado en ficciones en el que vivimos, hay que “integrarse” y seguir una serie de reglas. En el ámbito social, esto implica operar siguiendo lógicas y dinámicas en torno a ficciones como hace el resto de personas. Para mí era muy duro, porque la contradicción del comportamiento interno con el externo no me dejaba tranquilo ni un solo momento.

Yo necesitaba aprender a vivir con esa contradicción. Debía adquirir la capacidad de supeditar lo externo a lo interno, de forma que aunque verbalmente puedan describirse esas contradicciones, físicamente no sintiera ningún problema, porque el comportamiento en clave externa no sería más que una forma de moverme por el mundo para conseguir mis objetivos. En otras palabras, haciendo uso de una metáfora, tenía que “mancharme”, que “corromperme”.

Tildar de “corrupción” el mero hecho de adaptarse y operar con naturalidad en la sociedad puede sonar exagerado, pero en este contexto no lo es. Preferiría vivir en un mundo diferente, más científico. El problema es que la realidad no es así. Por tanto, mi única opción es aceptar las reglas del juego, corromperme todo lo que haga falta, y esforzarme al máximo para alcanzar mi objetivo. No ha sido nada fácil, pero tras acumular experiencia, ahora me muevo como pez en el agua. Y sienta muy bien.

No estoy interesado ni en saberlo todo ni en aprender por aprender. Quiero trabajar en mi proyecto y vivir experiencias junto a otras personas, a ser posible, con el menor número de límites posible. En definitiva, quiero vivir. Pero no de cualquier forma. Me gratifica muchísimo ser extensional, enriquecer la vida de los demás, y viceversa aunque no lo considere imprescindible. Cuando miro al cielo por la noche y veo las estrellas, siento que veo el futuro de la humanidad. Me encantaría, si sigo vivo tras hacer realidad mi sueño, llegar algún día a las estrellas. Tal vez no lo haga. Pero me encargaré de dejarlo todo preparado para que otros puedan subir a mis hombros y sí las alcancen.

Así es mi forma de ver el mundo, y así es mi forma de vivir.

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Lajto

Director of Mekadimo.